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jueves, 23 de junio de 2011

Madrugada de Retiro


Al fin había llegado el momento de irnos de la terminal de Retiro en Buenos Aires de regreso a Córdoba; eran las dos de la mañana y habíamos entrado a las seis de la tarde del día anterior, ocho horas de espera sin contar el tiempo que pasamos desde que aterrizamos en Ezeiza tres horas antes.

Y así estábamos, teníamos pasajes de vuelta recién para esa hora y no había manera de cambiarlos ya que era un domingo después del feriado del 24 de marzo “día nacional de la memoria” que todo el mundo volvía de viaje para empezar la semana laboral. No teníamos otra opción que esperar a que pasen las horas o que alguien cancele algún pasaje para poder tomarlo, pero nada, el tiempo corría lento y de a poco iba cayendo la noche sobre la ciudad y la inseguridad entre otras cosas comenzaban a importar cada vez más.

La noche ya nos había caído encima y toda la gante de la calle que no tiene un techo viene a dormir dentro y fuera de la terminal, en las sillas, los pasillos, en el suelo, por todos lados y solo un policía dentro y uno fuera para dar seguridad a todo el lugar, que lo veíamos pasar cada largos periodos de tiempo. Se mezclaba el cansancio de la vuelta del viaje, el sueño, la sensación de inseguridad con las valijas a nuestros pies y la bronca de que una ciudad de esa magnitud no tenga un lugar seguro y respetable para la cantidad de personas que utilizan ese transporte a diario.

Casi me olvidaba de la gente que llegaba a las agencias a denunciar que les habían robado sus equipajes en el viaje y no les daban más respuesta que un teléfono.
Después de todo este infierno llegó a su fin y nos subimos al colectivo con las valijas encima, ya que no íbamos a esperar a tener la misma suerte que esa gente.

Espero que la ciudad de Buenos Aires pueda mejorar el servicio y brindar seguridad y tranquilidad a los pasajeros, por mi parte voy a tratar de evitar volver a ese desagradable lugar.

martes, 7 de junio de 2011

Impregnado de café

 


Cuando días atrás, recordaba ese miedo a volar ya estábamos a unos cuantos miles de metros en el aire rumbo a Lima, Perú; para  hacer el trasbordo a nuestro destino: Bogotá, Colombia. En ese tan anhelado viaje, nos esperaban veinte días para recorrer lo mas que pudiésemos y que mejor que una bella guía oriunda de esa misma ciudad, una rola como les dirían allá, que a demás era mi novia.

Al llegar, nos hospedamos en la casa de su familia donde me recibieron como uno más y me hicieron sentir como en casa; desayunamos huevos fritos, tomamos varios tintos por la tarde y conversamos sobre nuestra cultura, costumbres y posiciones socio-políticas.

Los días que siguieron, hice amigos, conocimos hermosos lugares como el Centro Histórico, el Museo del Oro, una fábrica de Café y unos días antes de nuestro regreso… una de las cosas que más había deseado, las playas del mar caribe. Ya sin ese miedo a los aviones, volamos a Cartagena de Indias y de allí en colectivo a Santa Marta.

Esta vez más que una ironía es una experiencia para decirles que si tienen la oportunidad de conocer, no dejen de hacerlo. Es algo de lo que nunca me voy a olvidar, las personas tan correctas y amables, la seguridad que te hacen sentir, los hermosos paisajes urbanos y naturales entre montañas, selva, ríos y mar; y ese aroma a café que parecía no querer irse.

Y como dice un comercial que me quedó grabado de este hermoso país… el riesgo es que te quieras quedar.



martes, 15 de septiembre de 2009

Amor colectivo

Si no sos un degenerado/a ahora vos, al igual que me pasó cuando estaba escribiendo esto te preguntarás ¿como puede alguien enamorarse arriba de un colectivo?. Lleno de viejos, que va saltando de aqui para allá, con la infaltable música a todo volumen del parlante de un celular al compás del cuartetazo.
Pero pasa. Son las siete de la mañana y el pibe que emprendía camino al trabajo esperaba ansioso que llegara la parada, donde subiría como todos los días a la misma hora, esa personita que alegraba sus mañanas. Ella ni lo registraba, pero el entre ronquidos, ojos lagañosos y bostezos repletos de mal aliento se hacía espacio para esbozar una sonrisa cuando su musa voltease en dirección a el.

Se había enamorado. Ella simplemente, desconocía su existencia.

-Tengo que decirle algo, tiene que haber una forma de que sepa que existo.
Susurraba por lo bajo
-pero que va a pensar, que le quiero hacer el filo arriba de un colectivo. Va a creer que soy un tarado.(bis)

Una mañana como muchas otras, el colectivo freno en esa parada, subió la gente pero ella no. Al día siguiente tampoco. Y el que le sigió, tampoco, tampoco...

¿Había perdido al amor de su vida en el mismo colectivo donde se había enamorado?, quien sabe, el colectivo pasa todos los días pero hay que saber cuando tocar el timbre para bajar a tiempo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Fin del recorrido

Como un ruido en mi cabeza, como un murmullo.
Se acrecenta.
El suelo ruge, las paredes tiemblan.
Una luz, el silencio, el ruido, una bocina, es ensordecedor.
Se acelera.
Ya viene, hacia mi, inmóvil. La respiración se hace difícil.
Se acerca.
No puedo moverme, la luz me ciega, una bocanada de humo.
El suelo ruge, las paredes tiemblan.
Son voces, ya no hay murmullos, son gritos. Ya viene.
Otra vez el silencio.

2:00 am - una estrepitosa frenada, último colectivo.

- Buenas noches, ¿puedo pagarle?
- Lo siento, me compromete. Solo cospeles o tarjeta, no puedo dejarlo viajar.