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jueves, 23 de junio de 2011

Madrugada de Retiro


Al fin había llegado el momento de irnos de la terminal de Retiro en Buenos Aires de regreso a Córdoba; eran las dos de la mañana y habíamos entrado a las seis de la tarde del día anterior, ocho horas de espera sin contar el tiempo que pasamos desde que aterrizamos en Ezeiza tres horas antes.

Y así estábamos, teníamos pasajes de vuelta recién para esa hora y no había manera de cambiarlos ya que era un domingo después del feriado del 24 de marzo “día nacional de la memoria” que todo el mundo volvía de viaje para empezar la semana laboral. No teníamos otra opción que esperar a que pasen las horas o que alguien cancele algún pasaje para poder tomarlo, pero nada, el tiempo corría lento y de a poco iba cayendo la noche sobre la ciudad y la inseguridad entre otras cosas comenzaban a importar cada vez más.

La noche ya nos había caído encima y toda la gante de la calle que no tiene un techo viene a dormir dentro y fuera de la terminal, en las sillas, los pasillos, en el suelo, por todos lados y solo un policía dentro y uno fuera para dar seguridad a todo el lugar, que lo veíamos pasar cada largos periodos de tiempo. Se mezclaba el cansancio de la vuelta del viaje, el sueño, la sensación de inseguridad con las valijas a nuestros pies y la bronca de que una ciudad de esa magnitud no tenga un lugar seguro y respetable para la cantidad de personas que utilizan ese transporte a diario.

Casi me olvidaba de la gente que llegaba a las agencias a denunciar que les habían robado sus equipajes en el viaje y no les daban más respuesta que un teléfono.
Después de todo este infierno llegó a su fin y nos subimos al colectivo con las valijas encima, ya que no íbamos a esperar a tener la misma suerte que esa gente.

Espero que la ciudad de Buenos Aires pueda mejorar el servicio y brindar seguridad y tranquilidad a los pasajeros, por mi parte voy a tratar de evitar volver a ese desagradable lugar.

martes, 15 de septiembre de 2009

Amor colectivo

Si no sos un degenerado/a ahora vos, al igual que me pasó cuando estaba escribiendo esto te preguntarás ¿como puede alguien enamorarse arriba de un colectivo?. Lleno de viejos, que va saltando de aqui para allá, con la infaltable música a todo volumen del parlante de un celular al compás del cuartetazo.
Pero pasa. Son las siete de la mañana y el pibe que emprendía camino al trabajo esperaba ansioso que llegara la parada, donde subiría como todos los días a la misma hora, esa personita que alegraba sus mañanas. Ella ni lo registraba, pero el entre ronquidos, ojos lagañosos y bostezos repletos de mal aliento se hacía espacio para esbozar una sonrisa cuando su musa voltease en dirección a el.

Se había enamorado. Ella simplemente, desconocía su existencia.

-Tengo que decirle algo, tiene que haber una forma de que sepa que existo.
Susurraba por lo bajo
-pero que va a pensar, que le quiero hacer el filo arriba de un colectivo. Va a creer que soy un tarado.(bis)

Una mañana como muchas otras, el colectivo freno en esa parada, subió la gente pero ella no. Al día siguiente tampoco. Y el que le sigió, tampoco, tampoco...

¿Había perdido al amor de su vida en el mismo colectivo donde se había enamorado?, quien sabe, el colectivo pasa todos los días pero hay que saber cuando tocar el timbre para bajar a tiempo.