Once de septiembre, día del maestro. Una fecha que me trae incontables recuerdos de la infancia junto con la llegada de la primavera.
Para ellos es un día muy especial, aunque la mayoría solo lo piense como un merecido día de descanso después de tener que aguantar una tropilla de niños inquietos por más de medio año.
En cambio para nosotros los pequeños, que considerábamos a “la seño” como nuestra segunda madre, era indispensable llevarles un regalito en su día. Que para poca fortuna de estas, en el 98% de los casos era una cachada que nosotros le llevábamos emocionados para que ella hiciese una cara mezcla de sorpresa y alegría que nos llenara el alma.
Después de muchos años de dejar atrás la escuelita que me educo, volvieron a mi cabeza estos sucesos, cuando lo descubrí. Pero claro, que esperábamos que hiciera la maestra con tantas cachadas juntas en un solo día, sino tirarlas a la basura quizás si tenias suerte iba a parar en manos de uno de sus hijitos para que jugaran.
Que decepción, quizá, hasta ese día en la sala de maestros se mostrasen entre ellas las cosas para reírse y elegir la cachada mas grande del año.
A ver, bien, respiremos hondo y tratemos de entender que este es un proceso parte de la vida de todos nosotros. Espero no haber arruinado del todo su infancia.