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miércoles, 19 de enero de 2011

El cuarenta y cinco


H
ay momentos que se pierden en el olvido y cosas que puedo llegar a olvidar en un momento. Sin embargo, eso que nos separaba, al mismo tiempo era pura conexión entre los dos. Y así, intentaba crear poco a poco lo que sería una noche inolvidable.

Tenía un hermoso cuerpo que parecía moldeado por un poder divino y un carácter tan fuerte que podía olerse aún estando resfriado. Pero si algo tengo que destacar, es su gran alma de compañero.

Y ahí estábamos lo dos, nada mas que el nos separaba y nada nos unía mas. Disfrutamos de su compañía sorbo a sorbo, se despidió y nos dejó solos para que pudiésemos estar mas cerca que nunca, nadie mas que nosotros, solos los dos.

¡Salud!

sábado, 13 de marzo de 2010

Cazuelitas de ciervo



- Buenas noches, ¿que van a servirse?
- Dos cazuelitas de ciervo por favor y un vino de la casa.

Desde la mesa del lado escuchaba el pedido de la pareja de veteranos al mismo tiempo que mi estomago se hacia un nudo y se retorcía. De pronto la noche se me hizo día, el restaurante, ahora era un hermoso bosque con el otoño recién entrado por el que corría un joven ciervo dando saltitos cortos con su imponente y elegante figura.

Otra imagen se vino a mi cabeza, estaba frente a la señora del sombrero rojo y el camarero me preguntaba si acompañaría con algo mi cazuela.
- Claro, unas naricitas de bambi fritas.
- A sus órdenes.
Se marchaba por el pasillo mientras la veterana me sonreía y otra vez volví al revuelo de estómago que me hacía retorcer en la silla. Había entrado en trance o eso creía.

Fue cayendo la tarde en el bosque cuando se oyó un sonido fuerte y seco, acompañado por el que ocasionó el desplome del animal y ya no se oyeron los golpeteos en la tierra seca, ni el chasquido de las hojas al quebrarse.

- ¡la cuenta por favor!