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jueves, 17 de septiembre de 2009

Huele a lluvia

¿Donde va la gente cuando llueve? se preguntaban pedro y pablo en su famosa y pegajosa canción. Y la gente se queda en su casa, le esquiva a la lluvia, prefiere no mojarse y postergar todo lo que pueda para mañana y no salir.
Yo soy un amante de los días de lluvia, que no se conforma por mirarla a través de un vidrio y hacer garabatos en su superficie empañada. Me gusta salir a mojarme un poco, a sentir el aroma a tierra mojada, el olor a lluvia como decía mi abuela.
-parece que va llover
-¿como sabes abuela?
Preguntaba yo inocentemente no pudiendo imaginar como esa viejecilla podía soltar tal afirmación.
-hay olor a lluvia. Haz la prueba, respira hondo
Me decía mientras hacia la mímica.

Tantas cosas se pueden hacer un día de lluvia, tienen eso especial como jugar un juego de mesa en familia, tomar una merienda caliente.
En cambio la gente prefiere vivir quejándose del viento que lo moja, los charcos en las calles, un auto que pasa al borde de la calle y te empapa, el paraguas que siempre se te rompe en el peor momento, y ni hablar de las incontables resbaladas que nos hacen aterrizar en el suelo, debido a la greda que se forma en la ciudad con toda esa mezcla de hollín, alquitrán y suciedad que nos inunda.
Sin duda los días de lluvia en la ciudad sacan a relucir lo peor de esta.

Igual, siempre que llovió paro, pero no necesariamente salió el sol.